La exposición a la luz es el sincronizador más potente del reloj circadiano. La luz azul, particularmente abundante en la luz solar matutina, activa fotorreceptores específicos en la retina que envían señales al núcleo supraquiasmático.
Esta señal luminosa suprime la producción de melatonina durante el día, promoviendo el estado de alerta y activando diversos procesos metabólicos. La luz también influye en la regulación de la temperatura corporal y en la secreción de cortisol.
La exposición a luz artificial por la noche, especialmente a longitudes de onda azules emitidas por dispositivos electrónicos, puede alterar estos patrones naturales. Esto ha generado interés científico en comprender cómo los hábitos de iluminación modernos afectan los ritmos biológicos.
En estudios observacionales, se ha documentado que las poblaciones con mayor exposición a luz natural durante el día y menor exposición a luz artificial por la noche tienden a mantener patrones circadianos más consistentes.